Josep Checa y la poesía neorrural

Josep Checa y la poesía neorrural

Josep Checa es posiblemente uno de los principales exponentes de la poesía catalana contemporánea, y una de las voces más significativas en la corriente de poetas neorrurales que ha emergido en los últimos años con nombres como Luis Díaz (Premio Irreconciliables de Poesía 2020), María Sánchez (Premio Fundación Princesa de Girona Artes y Letras 2021) o Alejandro López Andrada (Premio Andalucía de la Crítica). Con "Piel de Alma", Checa obtuvo el Premio Senyoriu d’Ausiàs March 2018. El volumen se presenta en edición bilingüe catalán-castellano con una exquisita traducción de la poeta Concha García. En el prólogo que ella misma firma en esta edición, leemos:

«Josep Checa es consciente de que toda lengua está viva, solo que cada vez se utiliza menos su riqueza por lo cual se estrecha más el campo de expresiones y de palabras, y como consecuencia, el conocimiento; el lenguaje queda reducido notablemente, incluso borrando la memoria del pasado. Su vocabulario conecta con la naturaleza porque vive en ella, la padece y la disfruta, no la idealiza. Tratando de encontrar una definición de ‘alma’ que se ajustase al título de este libro, revisé un ensayo de Jacques Rancière sobre el director de cine húngaro Béla Tarr, de quien, por cierto, algunas imágenes de sus películas me traían y llevaban a las que encontraba en los poemas de Josep Checa: “Esa división del cuerpo que se llama alma, una divergencia íntima entre dos esperas: la espera de lo mismo, el acostumbramiento a la repetición, y la espera de lo desconocido, de la vía que conduce hacia otra vida”».

Josep Checa es ganadero y pasa gran parte de su tiempo pastoreando sus reses en la naturaleza. Pero su contemplación de la misma, más vinculada a la hostilidad y dureza de los trabajos rurales que a la idealizada visión bucólico-burguesa que del campo tiene el ciudadano urbanita, es contradictoriamente bella y cruda: una belleza y una crudeza que se trasladan en un vuelo poético extraño y prodigiosamente trabajado en una experiencia que nos embarga. Pero Checa también es un hombre de mundo. Tal como dice la crítica Teresa Costa-Gramunt en el diario Eix: «En este libro de Josep Checa encontramos manifestadas algunas epifanías en la segunda parte del volumen. El poeta las rememora después de su estancia en el país de Suomi (Finlandia). Epifanías que se dibujan en estampas tan sencillas y transparentes como la contemplación de unas bañistas en las aguas frías y cristalinas de un lago. "Las mujeres salían del agua encogidas, / riendo de su osadía / y de mi, de mirarlas." A veces un momento de contemplación como este vale toda una vida.»



Por su parte, el escritor Marcel Riera hace énfasis en la singularidad de la altísima poesía de Josep Checa: «como sólo los gatos ven pasar las almas, los mamíferos que leemos nos tenemos que fijar en la letra pequeña de los poemas, en los personajes que en estos versos hacen cosas ordinarias, ciertamente, pero que, a fuerza de no verlas nunca en la poesía de este país, nos chocan porque nos damos cuenta de que, por ejemplo, un gesto recuperado y puesto en el lugar adecuado puede llevar a la superficie sentidos y emociones que difícilmente habrían emergido de otro modo. Encontramos personajes que a veces son animales, a veces cosas, a veces personas: unos pies descalzos por el pasillo, unos trastos de hierro fundido, un niño que abraza unos perros, una mujer que pela una cebolla (me ha hecho pensar en aquel maravilloso poema de la Szymborska), los ánades reales que se vuelven una parábola, las burbujas que delatan los cangrejos bajo el agua, un bicho, tal vez un perro de alma dardaire, el sonsonete de la mocadera frente a las tripas del cerdo... Y todas estas cosas están dichas con una crudeza descarnada y un lenguaje cercano a la oralidad pero, a la vez, con una ternura que ahondar más aún la herida. A menudo me parece que en Checa habla consigo mismo, o con sus padres, o incluso con los antepasados, y luego transcribe la conversación. De ahí también la emoción. Pero os aviso: si leéis Piel de alma no os divertiréis»

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